Su equipo la llama Dame Zaha. Esta arquitecta iraquí transformó la forma de entender el espacio y la arquitectura, ampliando los límites de lo que parecía posible construir. Su obra abrió el camino a toda una nueva generación de arquitectos, a quienes dio permiso para experimentar, innovar y desafiar las convenciones establecidas. A los 10 años de su inesperada muerte, hoy constatamos que su legado sigue estando vivo.

<h1 style="font-family: Oswald, sans-serif; font-weight: 300; font-size: 32px; line-height: 38px; color: #333333;">Zaha Hadid: de matemática a arquitecta</h1>
Zaha Hadid nació en Bagdad en 1950, en el seno de una familia acomodada, en un Irak muy diferente al que hoy conocemos. Creció durante un periodo de reformas sociales, modernización y apertura que marcó profundamente su manera de entender el mundo. Aquella atmósfera de optimismo, libertad y confianza en el progreso la acompañaría toda su vida.
Antes de estudiar arquitectura se licenció en Matemáticas en la Universidad Americana de Beirut, una formación que explica en parte su fascinación por la geometría y las estructuras complejas. Más tarde se trasladó a Londres para estudiar en la Architectural Association, donde comenzó a desarrollar un lenguaje propio que desafiaba todas las convenciones de la época.

Galaxy SOHO, en Pekín, fue concebido como un conjunto de volúmenes fluidos e interconectados. El diseño elimina las esquinas y las líneas rectas para crear espacios continuos inspirados en el movimiento y la geometría orgánica. Su espectacular atrio interior resume a la perfección el lenguaje futurista y dinámico de Hadid. Foto: Hufton+Crow
Una mujer en un mundo de hombres
Resulta imposible hablar de Zaha Hadid sin recordar que desarrolló su carrera en un entorno profundamente masculinizado. Era mujer, árabe y musulmana en una profesión dominada por hombres occidentales. Durante años tuvo que enfrentarse a prejuicios y desconfianza, pero nunca rebajó sus ambiciones para encajar en las expectativas ajenas. Al contrario, defendió con firmeza una arquitectura radicalmente nueva. Su talento terminó derribando todas las barreras: fue la primera mujer en recibir el Premio Pritzker en 2004 y también la primera en obtener en solitario la Medalla de Oro del RIBA. Su trayectoria abrió el camino a muchas profesionales que llegaron después.

La estación de bomberos Vitra (1993), en Weil am Rhein (Alemania), fue la primera obra construida que dio notoriedad internacional a Zaha Hadid. Con sus característicos planos inclinados y su sensación de movimiento congelado, marcó el inicio de una arquitectura radicalmente nueva y adelantada a su tiempo. Foto: Grischa para Unsplash
La arquitecta del papel
Durante casi dos décadas, Zaha fue más famosa por sus dibujos que por sus edificios. Sus propuestas parecían tan innovadoras que muchos clientes las consideraban imposibles de construir. Por eso la apodaron “la arquitecta de papel”. Sin embargo, aquellos espectaculares bocetos no eran simples ejercicios artísticos, sino auténticos manifiestos construidos sobre ideas muy sólidas. Influida por las vanguardias rusas y especialmente por el suprematismo, veía la arquitectura como una herramienta capaz de transformar la sociedad. Cuando finalmente logró materializar proyectos como la estación de bomberos Vitra, el mundo descubrió que aquellas formas aparentemente imposibles podían convertirse en realidad.

El Centro Heydar Aliyev, en Bakú, es una de las obras más icónicas de Zaha Hadid. Sus formas fluidas y ondulantes rompen con la arquitectura soviética tradicional y se inspiran en la caligrafía azerí. Concebido como un gran centro cultural, sus 100.000 m2 albergan un museo, un auditorio y amplios espacios públicos en un edificio que destaca por su innovador diseño y su espectacular integración entre interior y exterior. Foto: Teymur Mammadov para Unsplash.
Una arquitectura en movimiento
Zaha Hadid transformó para siempre nuestra percepción del espacio. Sus edificios parecen desafiar la gravedad mediante superficies fluidas, curvas continuas y formas que evocan el movimiento del agua, el viento o los paisajes erosionados por la naturaleza.
Pero reducir su obra a una cuestión estética sería un error. Detrás de su espectacularidad existía una profunda reflexión sobre cómo las personas utilizan y experimentan los espacios públicos. Sus proyectos eliminan barreras, invitan a recorrerlos y fomentan el encuentro ciudadano. Son edificios que celebran el movimiento, la vida colectiva y la exploración, convirtiendo la arquitectura en una experiencia casi cinematográfica.


Con una silueta inspirada en el movimiento del río Clyde, el Riverside Museum (2004-2011) transforma la visita en un recorrido entre ciudad, paisaje e historia. La arquitectura fluida de Zaha Hadid convierte el edificio en un nexo entre el pasado industrial de Glasgow y su renovación urbana. Fotos: Alan Mcateer y Iwan Baan
Una prolífica carrera
A lo largo de su carrera, Zaha Hadid diseñó algunos de los edificios más innovadores y reconocibles de las últimas décadas. Su obra abarca museos, centros culturales, auditorios, aeropuertos, puentes, estadios, edificios de oficinas, viviendas, universidades y planes urbanísticos de gran escala repartidos por los cinco continentes.
Aunque resulta difícil establecer una cifra exacta, ya que muchos proyectos continuaron desarrollándose tras su fallecimiento en 2016, se calcula que dejó más de 950 proyectos en 44 países, de los cuales varios centenares llegaron a construirse. Todos ellos comparten una misma visión: una arquitectura dinámica, fluida y optimista que desafía las formas tradicionales y busca transformar la manera en que las personas viven, trabajan y se relacionan con la ciudad.


La Ópera de Guangzhou es una de las obras más icónicas de Zaha Hadid. Inspirada en dos rocas moldeadas por la erosión del agua, su espectacular envolvente de vidrio, acero y granito se ha convertido en un símbolo de la renovación cultural de la ciudad y en uno de los mayores auditorios de China. Fotos: Hufton + Crow / Virgile Simon Bertrand
Arquitectura emocional
Lo que distingue a Zaha Hadid de otros arquitectos estrella es que sus edificios no buscan impresionar únicamente por su tamaño o complejidad. Su verdadera fuerza reside en la capacidad de emocionar e inspirar. Sus proyectos apelan a los sentidos, despiertan la imaginación y transmiten una extraordinaria confianza en el futuro. Nunca escribió grandes manifiestos teóricos; los construyó. Cada una de sus obras encierra una idea de progreso y una invitación a pensar que las ciudades pueden ser más abiertas, dinámicas y generosas con quienes las habitan.
Cada uno de sus proyectos supuso un hito técnico y conceptual. Más allá de su impacto visual, estas obras demostraron que la arquitectura podía abandonar la rigidez de las formas tradicionales para convertirse en algo dinámico, abierto y profundamente conectado con la vida urbana. Cada edificio ampliaba los límites de lo que parecía posible construir.


El estadio Al Janoub, en Al Wakrah (Catar), se inspira en los tradicionales dhows, las embarcaciones de vela típicas de la región. Construido para el Mundial de Fútbol de 2022, por ZHA, combina una cubierta retráctil con avanzados sistemas de climatización y fue concebido para reducir su aforo y reutilizar parte de sus gradas tras el torneo. Foto exterior: Hufton + Crow. Foto aérea: cedida por la FIFA.
El legado de Dame Zaha
Cuando Zaha Hadid falleció en 2016, dejó tras de sí mucho más que una colección de edificios icónicos. Dejó una nueva manera de entender la arquitectura. El estudio que fundó en Londres en 1979, Zaha Hadid Architects, hoy conocido bajo las siglas ZHA, continúa desarrollando proyectos en todo el mundo y mantiene vivo su espíritu innovador. Hoy cuenta con más de 500 profesionales de 55 nacionalidades que siguen explorando nuevas soluciones para las ciudades del futuro.
Todas las imágenes pertenecen a la página oficial de Zaha Hadid Architects