Si alguien recorriera por primera vez la nueva University Commons de la Universidad de Alberta sin conocer su función, probablemente pensaría que está visitando las oficinas de una gran compañía tecnológica. Espacios abiertos, áreas de colaboración, rincones para la concentración, zonas sociales, salas de reuniones y un cuidado diseño interior dibujan un escenario que poco tiene que ver con la imagen tradicional de un campus universitario. Sin embargo, esa es precisamente la gran lección de este proyecto: universidades y empresas están evolucionando en la misma dirección. Ambas necesitan atraer talento, fomentar la innovación y crear comunidades donde aprender, compartir y crecer formen parte de una misma experiencia. Estas son las 10 lecciones que nos da este potente proyecto, aplicable a los espacios de trabajo.

Organizar por personas, no por departamentos
Durante décadas, tanto las universidades como las empresas se diseñaron siguiendo una lógica jerárquica: cada facultad, cada departamento o cada equipo ocupaba un espacio propio, aislado del resto. El proyecto de Zeidler Architecture rompe deliberadamente con ese modelo.
La rehabilitación de un edificio centenario de más de 37.000 metros cuadrados eliminó la compartimentación existente para dar paso a un entorno abierto y flexible donde oficinas, aulas, zonas de estudio y espacios comunes se relacionan de forma natural.
El objetivo era favorecer el contacto entre estudiantes, profesores, investigadores y personal administrativo, convencidos de que la innovación surge cuando disciplinas diferentes se cruzan y dialogan. Es exactamente la misma filosofía que hoy guía el diseño de las oficinas más avanzadas, donde la colaboración espontánea ha sustituido a las estructuras rígidas del pasado.


El atrio: el corazón del campus
El elemento más representativo de University Commons es su gran atrio central. Además de ser un espectacular espacio arquitectónico, funciona como el auténtico corazón del edificio. Inspirado en la metáfora del “árbol del conocimiento”, desde este núcleo se organizan todos los recorridos hacia las distintas áreas de aprendizaje, colaboración y trabajo.
La luz natural penetra hasta el interior, conecta visualmente las diferentes plantas y facilita la orientación de los usuarios. En las oficinas contemporáneas ocurre algo muy parecido: los espacios de circulación han dejado de ser simples pasillos para convertirse en lugares donde se producen encuentros informales, conversaciones improvisadas e intercambios de ideas. El edificio demuestra que la arquitectura puede favorecer las relaciones humanas cuando deja de pensar únicamente en mover personas y comienza a crear oportunidades para que se encuentren.

Espacios flexibles y colaborativos
Compartir conocimiento no depende únicamente de la cultura de una organización; también requiere un entorno que lo facilite. Por eso, la Universidad de Alberta ha distribuido por todo el edificio aulas flexibles, salas de proyecto, oficinas abiertas y espacios colaborativos capaces de adaptarse a diferentes dinámicas de trabajo. La configuración de estos ambientes permite que un mismo lugar pueda albergar una clase, una sesión de cocreación o una reunión multidisciplinar.
Esta versatilidad responde a una realidad compartida por universidades y empresas: los equipos cambian constantemente y los espacios deben ser capaces de evolucionar con ellos. El diseño deja de imponer una única manera de trabajar para ofrecer múltiples posibilidades, una filosofía que encaja plenamente con las nuevas oficinas centradas en la flexibilidad y la colaboración.


Áreas para las charlas de vecinos
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto son los llamados “neighbourhoods”, cuatro grandes espacios de doble altura situados en las esquinas del edificio. Lejos de tener un uso predeterminado, se conciben como lugares donde detenerse, conversar o simplemente coincidir con otras personas. Su diseño se inspira en una idea tan sencilla como poderosa: compartir una comida alrededor de una mesa.
Igual que en una empresa, muchas conversaciones decisivas surgen durante una pausa para el café, estos espacios favorecen encuentros espontáneos entre personas que, de otro modo, probablemente nunca coincidirían. La arquitectura entiende que las relaciones informales también forman parte del aprendizaje y que la creatividad suele aparecer cuando desaparecen las jerarquías y las conversaciones fluyen con naturalidad.


Aprender y trabajar forman parte de la misma ecuación
Las aulas tradicionales, donde todo estaba orientado hacia una única dirección, han dejado paso a espacios capaces de transformarse según la actividad que se vaya a desarrollar. En University Commons, las aulas modulares mantienen una organización coherente, pero pueden reconfigurarse fácilmente para favorecer el trabajo en equipo, los debates, las presentaciones o el aprendizaje colaborativo.
La diferencia con una sala de formación corporativa es cada vez menor. De hecho, muchas empresas han convertido la formación continua en una parte esencial de su estrategia y necesitan espacios igual de versátiles. El aprendizaje ya no se entiende como una actividad puntual, sino como un proceso permanente que acompaña toda la vida profesional. Por eso, universidades y oficinas terminan utilizando prácticamente el mismo lenguaje espacial.

Todo en uno: un concepto espacial inclusivo
La inclusión no consiste únicamente en eliminar barreras físicas. También implica reconocer que cada persona aprende, trabaja y se relaciona de forma distinta. Ese principio ha guiado toda la reforma de University Commons. La universidad ha reunido en un mismo edificio servicios administrativos, departamentos académicos, salas de reuniones, áreas de estudio y espacios colaborativos para facilitar el acceso a todos los recursos.
Al mismo tiempo, el proyecto ofrece una gran diversidad de ambientes: zonas abiertas, salas reservables, espacios de reunión informales y lugares donde trabajar de manera individual. Esta variedad permite que cada usuario encuentre el entorno que mejor se adapta a sus necesidades en cada momento, una idea que también está redefiniendo las oficinas actuales, donde ya no existe un único puesto fijo para desarrollar toda la jornada.


Sala de calma y áreas de concentración
Aunque la colaboración ocupa un papel protagonista, el proyecto recuerda que la innovación también necesita silencio. Por eso incorpora áreas destinadas a la concentración y espacios específicos para el bienestar emocional. Entre ellos destaca la Calming Room, una sala concebida para favorecer la recuperación mental y reducir la sobrecarga sensorial. Lo más interesante es que este espacio fue diseñado por una estudiante tras ganar un concurso organizado por la propia universidad, convirtiendo a los usuarios en protagonistas del proceso de diseño.
Cada vez más empresas están incorporando salas similares para favorecer el descanso cognitivo, conscientes de que la creatividad no depende únicamente de compartir ideas, sino también de disponer de momentos de calma que permitan reflexionar y recuperar la atención.


Materiales acogedores y confortables
El confort no depende únicamente de la ergonomía del mobiliario. En University Commons, la elección de los materiales, la iluminación, los tratamientos acústicos y el diseño del interiorismo forman parte de una estrategia global destinada a crear un ambiente acogedor y duradero. La arquitectura apuesta por una paleta de materiales cálidos, en especial la madera, soluciones acústicas que mejoran la calidad ambiental y mobiliario de diseño capaz de soportar un uso intensivo sin renunciar al confort.
Todo ello contribuye a que el edificio resulte flexible y agradable para quienes lo utilizan cada día. En las oficinas sucede exactamente lo mismo: los materiales dejan de ser un elemento puramente estético para convertirse en una herramienta que influye directamente en el bienestar, la productividad y la experiencia de las personas.

El arte y la artesanía como vehículos culturales
University Commons demuestra que la arquitectura puede convertirse en un vehículo para transmitir identidad. La artista Christi Belcourt ha integrado en el edificio una serie de intervenciones inspiradas en la flora autóctona y en las tradiciones indígenas canadienses. Sus obras aparecen en distintos espacios comunes, incorporando referencias culturales que conectan el edificio con el territorio y con la historia de las comunidades originarias.
Este enfoque recuerda que el diseño interior no solo organiza funciones, sino que también comunica valores. Cada vez más empresas recurren al arte, la gráfica, los materiales o los elementos arquitectónicos para expresar su cultura corporativa y reforzar el sentimiento de pertenencia de quienes trabajan en ellas.

¿Son las universidades el laboratorio de las oficinas del futuro o viceversa?
University Commons representa mucho más que la renovación de un edificio universitario. Es la demostración de que los espacios destinados al aprendizaje y los dedicados al trabajo están convergiendo hacia un mismo modelo. Ambos buscan atraer talento, favorecer la colaboración, estimular la creatividad y cuidar el bienestar de las personas mediante entornos flexibles, inclusivos y abiertos. La oficina ya no es únicamente un lugar donde trabajar, del mismo modo que la universidad ya no es solo un lugar donde estudiar.
Ambas se han transformado en comunidades donde compartir conocimiento, experimentar nuevas formas de relacionarse y construir innovación de manera colectiva. Quizá por eso, al recorrer este edificio canadiense, resulta tan fácil olvidar que estamos en un campus universitario y pensar que hemos entrado en la sede de una de las empresas más innovadoras del mundo.
Fotos: Adrien Williams para Zeidler Architecture