Oficinas antiguas versus oficinas modernas: cómo hemos cambiado

Para estrenar este nuevo año 2023, hemos querido hacer un ejercicio de estilo comparando las oficinas de la primera mitad del siglo XX con las oficinas actuales, casi 100 años después.
No solo la estética ha cambiado de forma palpable, sino la funcionalidad y distribución de los espacios de trabajo. Y es que el concepto mismo de “oficina” se ha transformado para mejor, en lugares menos inhóspitos, más saludables y sostenibles.
El cambio es evidente a la vista, pero queremos profundizar sobre los motivos que han llevado a esta radical transformación en el último siglo.

Oficinas antiguas y modernas

El espacio, ese bien preciado

Uno de los aspectos principales que han variado radicalmente es el “espacio de trabajo”, es decir, las oficinas como lugares donde sólo y únicamente se va a trabajar de forma productiva, sin tomar en cuenta las condiciones espaciales del trabajador. Se tardaron varias décadas hasta que los estudios sociolaborales, médicos y neurológicos constataron que los entornos laborales afectaban directamente a la productividad y bienestar del trabajador.

Esta simple premisa, que hoy nos parece una obviedad, en el siglo pasado era un aspecto absolutamente prescindible, pues primaba la maximación del espacio sin considerar las condiciones de metros cuadrados por trabajador, ni la separación necesaria para realizar el trabajo adecuadamente. Otros aspectos no menos importantes como la iluminación natural y la artificial, la flexibilidad del mobiliario del trabajo, la integración de elementos botánicos o la utilización de materiales orgánicos, sostenibles y saludables se han ido incorporando a través de los años en la gran revolución de las oficinas modernas.

Oficinas antiguas y modernas

Nueva disposición de los puestos de trabajo

Son frecuentes las imágenes de las oficinas de antaño con largas hileras de escritorios con funcionarios encorbatados trabajando a destajo en modo cadena de producción. Hoy en día estos espacios, un tanto siniestros, donde no se oye más que el teclear de las máquinas, son inconcebibles. Gracias a la introducción del concepto de flexibilidad, los espacios de trabajo han dejado de ser esas estancias organizadas en formación marcial. El nuevo mobiliario de oficina favorece las composiciones modulares en centros dinámicos más orgánicos y menos limitados, con posibilidad de poner accesorios que ayuden a compartimentar de forma estética. Las opciones de regular la altura de la mesa, la pantalla, la silla y otros elementos propician espacios mejor organizados, cómodos y ergonómicos.

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Mesas de despacho

Sin duda, la estética de los despachos antiguos ha dado un vuelco significativo. Las robustas mesas de escritorio, de roble, nogal o castaño, han dado paso a diseños mucho más ligeros, que no han prescindido de las maderas nobles en su factura. Sin embargo, tenemos que presente que las mesas de despacho eran símbolos de poder, no una simple pieza de mobiliario. Su tamaño y aspecto regio estaban en consonancia con la autoridad y el nivel económico de su propietario. Así mismo, las butacas de cuero con acolchado en capitoné han cedido el terreno a sillas más cómodas, menos pesadas y fáciles de manejar, con tejidos técnicos que permiten la adecuada transpiración.

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Zonas de estar dentro del despacho

De las pocas cosas que ha cambiado en un siglo, sin duda ha sido la necesidad de contar con una zona de estar dentro de despachos directivos. Básicamente, siguen teniendo los mismos elementos: un sofá, una mesa de centro y un par de butacas. No obstante, los tapizados capitonés, tan del gusto inglés, se han ido sustituyendo por tejidos más modernos en sofás de líneas rectas y butacas ergonómicas. También se han sustituido las alfombras persas o de cebra, por moquetas lisas o alfombras de lana más cálidas y menos rancias. Los dispositivos electrónicos y pantallas también hoy ocupan un lugar predominante donde antes probablemente había un retrato de un célebre antepasado.

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La nueva versión de las butacas orejeras

Las butacas orejeras son una pieza de mobiliario tan amadas como odiadas. Quienes no quieren renunciar a ellas dicen que son de una comodidad extraordinaria, que valen tanto para mantener una buena conversación privada, como para leer o echarse una siestecita. Aseguran que te puedes aislar fácilmente de todo lo que acontece alrededor gracias a su respaldo envolvente que cubre hasta la cabeza. Así pues, si pensábamos que ya habían desaparecido del mundo del interiorismo, estábamos muy equivocados. En multitud de oficinas modernas podemos encontrar versiones siglo XXI de estos cómodos asientos, que cumplen exactamente con su funcionalidad arropadora, cómoda y privada.

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¡Hágase la luz!

¿Por qué hemos tardado tanto en integrar la iluminación natural en el interiorismo? Ahora amamos los espacios claros y luminosos, con amplias ventanas y, en general, materiales y tapicerías claros. Pero todo tiene su explicación. El gusto ancestral por los revestimientos y las boisseries de madera tiene su origen en la necesidad de resguardar el calor de la estancia; de ahí también la utilización de alfombras y gruesos cortinajes para evitar que el frío penetrara. Hoy en día, gracias a los sistemas de cerramiento de las ventanas y a la climatización de las estancias, podemos darnos el lujo de contar con amplios ventanales sin temer por la temperatura interior. Algo parecido sucede con los tapizados oscuros, más “sufridos” que los claros, en una época que no existían tejidos antimanchas ni sistemas de limpieza para tapicerías. De hecho, se huía de lo blanco por ser poco duradero y envejecer mal y sucio. Tiene sentido, ¿no?

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Salas de juntas: de la solemnidad al minimalismo

Las primeras oficinas comerciales aparecieron durante el desarrollo industrial en Estados Unidos e Inglaterra, aunque en palacios, bibliotecas y edificios institucionales ya existían espacios dedicados al officium, generalmente ocupados por escribanos. Con la llegada del telégrafo, el teléfono, la máquina de escribir y la electricidad, y la expansión del comercio exterior, la banca y otros modelos de trabajo, como el funcionariado, se inició un nuevo sistema laboral agrupando a un conjunto de personas en espacios concretos.

Por lo tanto, las necesidades y espacios que hoy existen en las oficinas eran mucho menores, ya que a la oficina solo se iba a trabajar y lo único que se necesitaba era un escritorio.  No obstante, en películas de los años 30 y 40, sobre todo aquellas que trataban sobre la gran crisis del 29, se pueden ver solemnes salas de juntas donde se reunían los banqueros recién arruinados, justo antes de tirarse por la ventana de un rascacielos. Esto nos indica que espacios de reunión nacieron casi a la par que las zonas de trabajo común y estaban anexas a los despachos directivos. Hoy en día, desde luego, estas salas aún existen aunque con una vocación más abierta, transparente y democrática.

Oficinas antiguas y modernas

Auditorios y puntos de encuentro

Como en el caso de las salas de juntas, los espacios de encuentro siempre han existido, pero cada vez tienen más importancia y no son un apéndice de las instalaciones laborales, sino zonas integradas, muchas veces incluso centrales. Antiguamente los espacios de reunión se hacían en iglesias o ayuntamientos, pero conforme se generaban más necesidades de comunicación e información (conferencias, asambleas,  convenciones, formación, etc.), se fueron perfeccionando estos espacios de reunión, indispensables hoy en día en las oficinas. Por supuesto, con una estética completamente diferente, menos rígida y encorsetada.

Oficinas antiguas y modernas

¡Adiós al papel!

La clasificación y archivo de material de oficina fue un auténtico quebradero de cabeza para los diseñadores de mobiliario en el siglo XX: archivadores metálicos, anaqueles, estanterías, baldas, cajoneras… Aunque todo ello sigue existiendo, desde luego, se ha simplificado con sistemas modulares más cómodos y funcionales, que favorecen el ordenamiento visual de los espacios de oficina. Y, desde luego, el mundo digitales y la nube nos han ayudado enormemente a eliminar las pilas de folios sobre la mesa y las carpetas apiladas sobre las estanterías. La tecnología, como en todo, también ha hecho su trabajo.

Fotos: Officesnapshots

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