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La revolución de los espacios de coworking

Desde principio de siglo hemos asistido a la aparición de espacios de oficinas compartidos, comúnmente conocidos como coworking. Pero ¿cómo funcionan? ¿son todos iguales? ¿Tienen que tener alguna característica singular que lo distinga de una oficina al uso? ¿Qué ventajas tienen?

Antes de contestar a estas preguntas, es importante adentrarnos en su historia, en el porqué y cómo surgen estos espacios singulares y cuál es el cambio socioeconómico que los genera.

coworking

¿De quién fue la idea?

Aunque nos parece un concepto súper moderno, la primera idea de coworking se fraguó en los años noventa, con unas iniciativas aisladas, que con el tiempo ayudaron a construir y consolidar un concepto que se ha popularizado globalmente.

Al parecer, la historia comienza a mediados de los 90 cuando un grupo de ingenieros informáticos crearon un hackerspaces llamado C-Base, en Berlín (Alemania), para reunir a los entusiastas de las nuevas tecnologías. Un ejemplo que ilustra muy bien estas comunidades lo encontramos en la serie El código de la discordia, sobre el desarrollo de Terravisión, el precursor de Google Maps, en Berlín.

En cualquier caso, se cree que término coworking fue utilizado por primera vez en 1999 por Bernard DeKoven, un conocido creador de juegos ya fallecido, para referirse a una forma colaborativa de trabajar, y no exactamente al concepto que conocemos hoy. Ese mismo año, abría en Nueva York un local llamado 42 West 24, que ofrecía espacios para trabajar con alquileres flexibles.

coworking

Un nuevo concepto para un nuevo milenio

En 2002, dos emprendedores austríacos con otros socios y colaboradores abandonaron sus despachos para trabajar en un espacio diferente que bautizaron Schraubenfabrik, un espacio concebido para la comunidad de trabajadores y sus socios. En realidad, la idea de las comunidades laborales reunidas en un mismo espacio de trabajo es un concepto antiguo, que ya desarrollaron distintos gremios, y, desde luego, los artistas y artesanos.

Pocos años después, en 2005, Brad Neuberg crea el primer espacio de coworking en San Francisco concebido como tal. El concepto del espacio consistía en ofrecer la posibilidad de trabajar de manera independiente y nómada en esos espacios, pero, a la vez, confortables y cercanos. Aunque la idea al principio fue acogida con frialdad, Ray Baxter, un altleta y promotor de startups, se instaló en el edificio convirtiéndose en el primer usuario y, por consecuencia, en el primer coworker del mundo.

Gracias a la popularidad de Internet, el concepto de coworking como forma de trabajo colaborativo comenzó a tomar fuerza en las comunidades digitales. Chris Messina, creador de los hashtag en Twitter, diseñó un recurso de código abierto llamado The Coworking Wiki, el cual ayudó a conectar a coworkers de otras ciudades.

Coworking

La comunidad manda

En 2007 la tendencia llega a los buscadores, entre ellos Google, donde la palabra coworking y otros términos relacionados empezó a destacarse.

Solo un año después, en 2008, aparece el sistema de Coworking Visa, que permitía a sus miembros acceder libremente a otros coworkings vinculados con el acuerdo, lo que significó una evolución en el modelo de negocio.Así, aquellos trabajadores que viajaban con frecuencia podían utilizar espacios de coworking en diferentes partes del mundo pagando una suscripción Visa.

En 2016, HSBC trasladó a 300 trabajadores a un espacio de coworking, convirtiéndose en un ejemplo de cómo grandes corporaciones migran a estos nuevos ambientes de trabajo. Otras empresas como KPMG, Microsoft e IBM también se unieron a esta tendencia. Su posicionamiento ha alcanzado tal popularidad que, desde 2010, se celebra el 9 de agosto como el hashtag #CoworkingDay.

Entrados ya en el siglo XXI, el concepto ha dado un paso más allá, pues hoy ya no se trata solo de reunir a gremios ni a personas que realizan labores similares. Al contrario, se trata de reunir a personas que no se conocen, que trabajan en campos diferentes y que, de esa cercanía, surge una colaboración interesante.

Coworking

Perfil del coworker

El perfil de los usuarios del coworking comprende desde profesionales autónomos, empresarios o empleados que cuentan con la modalidad parcial o total de teletrabajo, hasta pymes o startups que pueden desarrollar su actividad de esta manera. 

Si se elabora un perfil idóneo de los coworkers, encontramos a un joven, con formación universitaria, anclado a las nuevas tecnologías y muy satisfecho con y de su trabajo, quien además suele viajar y pasa temporadas largas en otros países.

Otro aspecto relevante es que la mayoría de los que conforman el espacio coworking no son trabajadores independientes, algo contrario a lo que se creía. Solo el 44% trabaja en solitario; en tanto que el 55% trabaja para una empresa o posee una. De esta información se desprende que el espacio coworking se ha transformado, con los años, en el sitio ideal para comenzar o manejar nuevas empresas.

Serie Tashio, de sofas
Serie sofás Tashio – Sillas Papillon Tint – Mesa Lara – Taburetes Skyfall – Limobel

Ventajas del coworking

Estas son algunas de las ventajas y beneficios que las nuevas generaciones de trabajadores encuentran en los espacios de coworking.

Gastos compartidos: En un coworking, el coste del alquiler, los servicios comunes y otros gastos son compartidos entre los miembros, lo que lógicamente reduce la inversión y los gastos en comparación con tener una oficina propia. Además del alquiler, hay servicios como seguridad, limpieza o mantenimiento que resultan más llevaderos si se comparten entre todos. Lo mismo sucede con los servicios energéticos, como electricidad, agua, internet, telefonía, etc. 

Espacios flexibles: También ofrecen múltiples tipologías de espacios de trabajo que se adecuan a las diferentes tareas: salas de reuniones, de trabajo en grupo, cubículos, áreas de multipuestos, auditorios, salas de formación, etc.

Uno de sus mayores atractivos es que ofrecen espacios modernos y poco convencionales, como áreas de descanso, cafeterías, comedores, cocinas, salas de juego, áreas de deporte, yoga o meditación.

Además, los espacios de coworking tienen opciones de membresía flexibles, que van desde el acceso diario hasta los planes mensuales o anuales. Esto permite a los trabajadores adaptar su espacio de trabajo según sus necesidades cambiantes.

Espacio de co-working con mesas modulares Kea Folding de Limobel Inwo
Composición de mesas modulares Kea Folding

Espacios que inspiran

Networking y colaboración: En estos espacios se reúnen con frecuenxcia personas de diferentes industrias y disciplinas, lo que facilita la conexión con otros profesionales. Estas sinergias pueden llevar a oportunidades de colaboración, intercambio de ideas y potenciales proyectos conjuntos. Aunque los coworkings son más informales que las oficinas tradicionales, ofrecen un entorno profesional que puede ayudar a aumentar la productividad y la motivación.

Espacios motivacionales: Al trabajar rodeado de personas de diferentes sectores y con diferentes perspectivas, se crea un ambiente propicio para la creatividad y la innovación. Trabajar desde casa puede aislar y empobrecer al trabajador, que vive sin estímulos sociales. En cambio, en un coworking, hay una comunidad de profesionales con los que se puede interactuar, aprender y crecer.

Coworking

Hacia el homeworking

Desde el punto de vista del diseño de interiores, los coworking deben tener las mismas características que una oficina moderna y actual, en cuanto a las calidades de sus materiales (igníficos, fonoabsorbentes, sin COVs, etc.), iluminación, calidad acústica, sillas ergonómicas, etc. Es importante tener en cuenta que, aunque no sean trabajadores permanentes, la calidad del espacio es igualmente determinante para sus labores.

No obstante, desde el punto de vista estético, sí suelen ofrecer un aspecto mucho más informal que el de una oficina tradicional. Se busca crean ambientes domésticos, hogareños y residenciales. Encontramos, por ejemplo, salones que bien podrían estar en cualquier casa.

Silla Papillon Tint de Limobel para espacios de co-working
Silla Papillon Tint – Limobel

Sentirse como en casa

El propósito es crear espacios para que sus miembros se sientan cómodos, dentro de un ambiente familiar, cercano y amable. De hecho, encontramos coworking decorados con objetos personales, como si fuera una auténtica casa, con fotos, trofeos, pósters, adornos, libros, plantas, etc. Esta sensación de “hogar” despierta emociones positivas entre los usuarios, quienes no generan rechazo ni aversión por ir a trabajar a estos espacios.

Por regla general, son espacios muy cuidados: cuentan con una iluminación muy estudiada, tanto natural como artificial. Se elige una gama de colores coherente y un diseño que refleje la identidad y la cultura del espacio de coworking. Los colores brillantes y vibrantes pueden ayudar a estimular la creatividad, mientras que los tonos neutros pueden crear un ambiente tranquilo y profesional. Además, suelen incluir elementos que inspiren creatividad y motivación, como arte inspirador, murales coloridos, citas motivacionales o plantas en macetas.

Y por supuesto, deben estar equipados con tecnología moderna, como acceso a Internet de alta velocidad, enchufes y cargadores disponibles en todo el espacio, y equipos de audiovisual para presentaciones y reuniones.

Fotos: OfficeSnapShot

INSPIRING MAGAZINE