Seis oficinas de cine

Recorremos las oficinas de películas y series célebres, desde los años veinte del siglo pasado hasta bien entrado el XXI, para descubrir cómo los espacios de trabajo han evolucionado con las nuevas necesidades, los criterios de diseño y la tecnología. Además de ilustrar esta transformación, todas merecen una buena sesión de sofá y manta.

oficina de cine

Primera plana o cómo eran las redacciones de antes

La redacción de los años veinte recreada en esta imagen de IA nos traslada al ambiente periodístico de Primera plana (Billy Wilder, 1974). Los escritorios de madera, robustos y con cajoneras laterales, ofrecen amplias superficies donde conviven máquinas de escribir, teléfonos y montañas de papeles. Entre ellos destaca un escritorio de persiana, cuyo cierre enrollable permite resguardar documentos y pequeños objetos de trabajo.

Las lámparas de sobremesa, con pie metálico y pantalla de vidrio verde, concentran la luz sobre la tarea y aportan una de las señas de identidad más reconocibles de estas oficinas. Las sillas giratorias de madera, con respaldo de barrotes y base de aspas, facilitan el movimiento entre la mesa y los muebles auxiliares. Al fondo, archivadores de múltiples cajones, estanterías y casilleros organizan la documentación. Cabe destacar que en la famosa película, la redacción era mucho más caótica y los escritorios de Walter Matthau y Jack Lemmon estaban repletos de botellas de whisky (vacías) y vasos.

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Sabrina y el estilo Mid Century

El despacho de Linus Larrabee, interpretado por Humphrey Bogart en Sabrina (1954), también de Billy Wilder, tiene algo de apartamento privado: un espacio donde trabajar, recibir y disfrutar de una copa sin salir de la oficina. Su estética encarna la modernidad de mediados de siglo, con muebles de líneas rectas, superficies despejadas y la veta de la madera como principal recurso decorativo. Una amplia mesa de esquinas suavizadas preside la zona de trabajo, mientras los aparadores bajos proporcionan almacenamiento y sirven de soporte a los equipos de sonido.

Las puertas correderas y los compartimentos que ocultan o dejan a la vista distintos elementos aportan funcionalidad y un ingenioso componente escénico. No falta el bar, integrado en el mobiliario, con botellas y cristalería preparadas para recibir. Los grandes ventanales, los visillos y la continuidad entre ambientes completan una oficina sofisticada y confortable, cuya mezcla de autoridad y elegancia doméstica recuerda a los despachos que décadas después veríamos en Mad Men. El maravilloso outfit de Givenchy que lleva Audrey Hepburn-Sabrina para la ocasión no podía encajar mejor en este refinado ambiente.

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Armas de Mujer o la invasión de los ordenadores

Entre cardados, hombreras y conversaciones telefónicas, las oficinas de Working Girl (Mike Nichols, 1988), que algún aspirante a poeta bautizó como Armas de mujer en español, muestran cómo la informática estaba transformando los espacios de trabajo. La película sigue las aspiraciones de Tess McGill, interpretada por Melanie Griffith, una secretaria que busca prosperar en el sector financiero de Wall Street. En estos fotogramas, los voluminosos monitores de tubo y los teclados comparten mesa con teléfonos de cable, agendas, carpetas y montones de documentos.

La tecnología ocupa espacio, pero el papel conserva todo su protagonismo. Los tableros rectangulares, apoyados sobre cajoneras metálicas, forman puestos contiguos con escasa separación, mientras las bandejas superpuestas intentan poner orden en la acumulación. Las sillas giratorias tapizadas, con reposabrazos, aportan cierta comodidad a un entorno dominado por la funcionalidad. Sobre las mesas, flexos articulados complementan la iluminación general del techo. El resultado es una oficina densa y bulliciosa, donde los equipos informáticos se integran en un mobiliario que debe responder a nuevas necesidades. Es, sin duda, el inicio de una nueva era.

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El diablo viste de Prada: la sofisticación entra en la oficina

Con El diablo viste de Prada (2006), la oficina se convierte en una declaración de estilo. También estamos en una redacción, la de la revista de moda Runway, aunque el despacho de su directora, Miranda Priestly (inolvidable Meryl Streep), concentra buena parte del protagonismo. Lejos del abigarramiento de las oficinas de los ochenta, aquí dominan la luminosidad, los tonos claros y la ligereza visual.

El escritorio de vidrio con estructura metálica y las butacas de piel oscura dibujan líneas limpias, mientras las molduras, los acabados dorados y las lámparas con pantalla introducen una elegancia más clásica. Entre minimalismo y abundancia decorativa, el equilibrio surge de una base sobria enriquecida con fotografías enmarcadas, un espejo facetado, libros y flores frescas. Las revistas y carpetas siguen presentes, pero conviven con un interiorismo cuidadosamente compuesto. El despacho transmite así la autoridad de Miranda a través del gusto, la selección de objetos y el control de cada detalle.

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Los becarios o el inicio de las oficinas del siglo XXI

En Los becarios (2013), las oficinas de Google representan una nueva cultura del trabajo, donde el espacio busca estimular la creatividad y favorecer el encuentro. Los colores corporativos —azul, rojo, amarillo y verde— se trasladan al mobiliario y la decoración, rompiendo con la sobriedad de la oficina tradicional. El puesto individual pierde protagonismo frente a una variedad de ambientes: mesas compartidas, salas de reunión informales, zonas de descanso y espacios que parecen salas de juegos.

Sofás, asientos de distintas formas y superficies para trabajar en grupo permiten cambiar de escenario según la tarea. El ocio se integra en la jornada y convierte la oficina en un lugar donde también conversar, comer o desconectar. Más allá de su apariencia desenfadada, este modelo plantea un cambio de fondo: diseñar espacios que faciliten la colaboración y refuercen la identidad de la empresa, haciendo de la propia oficina un argumento para atraer talento.

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Paquita Salas o el kitsch made in Spain

Terminamos con la célebre serie española Paquita Salas, que entra en este recorrido con humor, desparpajo y una estética ajena a cualquier aspiración minimalista. En PS Management, las mesas de acabado madera clara, las sillas giratorias y las estanterías repletas de archivadores componen un entorno reconocible, cercano al de tantas pequeñas agencias y oficinas de barrio. Las bandejas metálicas, el calendario de pared y las fotografías de los artistas representados conviven con un rótulo luminoso de grandes letras y ambición empresarial.

Esa mezcla de mobiliario corriente y pretendido glamour define su encanto. El universo visual se desata en la imagen promocional del sofá rosa: papel geométrico, cojines de pelo, labios rojos y un dónut enmarcado en dorado llevan el kitsch hasta la celebración. Con un aire popular y cierto parentesco almodovariano, la decoración prolonga la personalidad de Paquita: excesiva, nostálgica e irreverente. Aquí, la identidad de la empresa y la de su fundadora resultan inseparables.

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